¿Cuándo fue la última vez que te sentaste con Dios sin prisa, sin lista de pendientes, sin un ojo puesto en el reloj? Si tuviste que pensarlo un momento, este artículo te ayudará a entender qué significa priorizar a Dios en medio del afán.
Nadie decide descuidar lo más importante, simplemente, el día se llena. El hogar, el trabajo, los hijos, los padres, la pareja... cada responsabilidad es real y vale la pena. Vivimos entregando lo mejor de nosotras en mil direcciones, y la Escritura misma nos invita a la diligencia. Pero hay una diferencia entre una vida ocupada y una vida ordenada. Y esa diferencia lo cambia todo.
Marta, Marta: la escena que retrata nuestro corazón
Hay una historia en Lucas 10 que siempre me hace detenerme. Jesús entra a una casa donde viven dos hermanas: Marta y María.
“Mientras iban ellos de camino, Jesús entró en cierta aldea; y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Ella tenía una hermana que se llamaba María, que sentada a los pies del Señor, escuchaba Su palabra. Pero Marta se preocupaba con todos los preparativos.“ — Lucas 10:38-40 (NBLA)
Me imagino a Marta como una anfitriona angustiada, afanada porque todo estuviera bien, completo, sin que nada saliera mal. Y eso no está mal — muestra un corazón que quiere honrar a sus invitados. Pero la Escritura sigue:
“Y acercándose a Él, le dijo: ‘Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude’. El Señor le respondió: ‘Marta, Marta, tú estás preocupada y molesta por tantas cosas; pero una sola cosa es necesaria, y María ha escogido la parte buena, la cual no le será quitada.’” — Lucas 10:40-42. (NBLA)
¿Y qué estaba haciendo María mientras tanto? Estaba sentada a los pies del Señor, escuchando Su palabra.
Lo que María entendió: priorizar a Dios
Qué simple nos lo revela el Señor en Su Palabra: sentada a Sus pies. María había perdido todo interés en lo demás porque sabía qué invitado tenía en su casa. Sabía que esa oportunidad era única, que no quería — ni podía — perdérsela.
Marta, en cambio, tenía el corazón lleno de angustia por algo que, aunque importante, no era lo más importante. Imagina que ella también se hubiera sentado un momento a los pies de Jesús, que hubiera entendido que Su presencia pesaba más que cualquier preparativo. Probablemente después habría podido servir con calma, quizás incluso con ayuda de otros.
El corazón de Marta también es, muchas veces, el nuestro: queremos hacerlo todo. Peor aún, queremos hacerlo todo ya. Vivimos afanadas, con la mente adelantada a lo que creemos que tenemos que hacer — a veces ni siquiera porque haya tanto que hacer, sino porque tampoco hemos aprendido a descansar. María nos muestra que priorizar a Dios no es una tarea más en la lista: es la decisión que ordena todas las demás.
No necesitas 24 horas, necesitas un momento
Aquí está la invitación más importante: venir a los pies del Señor sin perderlo de vista entre las múltiples ocupaciones de la vida. Darle siempre el lugar, la prioridad.
No necesitas las 24 horas del día para orar. Necesitas venir a Él en la mañana, en la noche, en la madrugada, en cualquier momento de tu día. Acercarte sin afán, con convicción, con voluntad. Ese espacio de tiempo entre tú y Él, poco a poco, es lo que sostiene todo lo demás. Priorizar a Dios no depende de cuánto tiempo libre tengas, sino de la decisión de buscarlo primero.
Descansar no es abandonar tus responsabilidades
“Por eso les digo, no se preocupen por su vida, qué comerán o qué beberán; ni por su cuerpo, qué vestirán. ¿No es la vida más que el alimento y el cuerpo más que la ropa? Miren las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros, y sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿No son ustedes de mucho más valor que ellas?” — Mateo 6:25-26 (NBLA)
Jesús nos invita a confiar en Él, a descansar sabiendo que Él tiene cuidado de nosotras y que no debemos angustiarnos por nada. Él tiene el control; Suya es la provisión; Él cuida de Sus hijas. A nosotras se nos invita a estar a Sus pies, a creer en Él, a tener esa comunión e intimidad, a ponerlo primero a Él y no a nuestras preocupaciones ni a nuestras responsabilidades.
Dios no nos está pidiendo que olvidemos nuestras tareas, que dejemos de ser diligentes. La Escritura misma nos llama a eso:
“Todo lo que hagan, háganlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres.“ — Colosenses 3:23 (NBLA)
“Todo lo que tu mano halle para hacer, hazlo con todas tus fuerzas.” — Eclesiastés 9:10 (NBLA)
Nos está invitando a no angustiarnos, a descansar en Él, y a no perder de vista lo importante: estar a Sus pies, escuchar Su Palabra. Esa es la forma en la que vamos a permanecer — y a florecer — en todas las áreas de nuestra vida.
Cómo priorizar a Dios cada día
No necesitas tener resuelta toda tu agenda para empezar. Hoy quiero invitarte a algo sencillo: antes de lanzarte a la lista de pendientes, busca un momento — así sea breve — para sentarte a los pies de Jesús. Abre Su Palabra. Habla con Él sin prisa. Ese primer paso, repetido día a día, es lo que va ordenando todo lo demás: el hogar, el trabajo, los hijos, la pareja, tú misma.
La mejor parte no se te quitará. Elígela hoy.
Preguntas frecuentes
¿Qué nos enseña la historia de Marta y María?
Nos enseña que, en medio de las responsabilidades legítimas de la vida, la comunión con Dios debe tener el primer lugar. Marta se afanó sirviendo; María eligió sentarse a los pies de Jesús a escuchar Su palabra, y Jesús llamó a esa elección "la parte buena".
¿Cómo puedo priorizar a Dios si tengo demasiadas responsabilidades?
No se trata de tener más horas, sino de apartar un momento del día — mañana, noche o el que puedas — para acercarte a Dios sin afán. La diligencia en tus tareas y la comunión con Dios no compiten entre sí; la segunda sostiene a la primera.
¿Descansar en Dios significa dejar de ser responsable?
No. Dios no pide abandonar la diligencia (Colosenses 3:23, Eclesiastés 9:10); pide que no vivamos angustiadas ni con nuestra identidad puesta en cuánto logramos hacer. Confiar en Su provisión (Mateo 6:25-26) es lo que nos permite servir después desde la paz, no desde el afán.
Da el siguiente paso
Esta semana, practica priorizar a Dios: elige un momento del día — uno solo — para sentarte a los pies de Jesús antes de empezar tus pendientes. Cinco o diez minutos en silencio, con Su Palabra abierta, son suficientes para empezar. No busques hacerlo perfecto; busca hacerlo real.
Escrituras tomadas de la Nueva Biblia de las Américas (NBLA), Copyright © 2005 por The Lockman Foundation. Usadas con permiso. ://nuevabiblia.com


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