Ansiedad y fe: mi experiencia de volver a Dios

Silueta de una mujer caminando hacia la luz, testimonio de ansiedad y fe en el camino de regreso a Dios
La ansiedad se ha hecho presente en mi vida con mayor intensidad en determinadas ocasiones: en la soledad, en la incertidumbre y, hoy puedo reconocerlo, durante una etapa en la que me encontraba separada de Dios. Este es mi testimonio de ansiedad y fe, de cómo aprendí, poco a poco, a llevar esos momentos a Él.
Digo "hoy" porque durante mucho tiempo pensé que estaba cerca de Dios. Creía que tenía una vida espiritual, pero cuando miro hacia atrás entiendo que estaba buscando una espiritualidad diferente, una espiritualidad que encontré en el mundo y que hoy, desde mi fe cristiana, considero que me alejó de Él.

La búsqueda de espiritualidad que me alejó de Dios

Durante aquella etapa comencé a acercarme a diferentes prácticas y creencias que se presentaban como una forma de encontrar bienestar, protección, paz o equilibrio.

Llevaba una pulsera roja que supuestamente me protegía. Tenía piedras semipreciosas a las que se les atribuían diferentes propiedades. Incluso, alguna vez puse un ajo en mi escritorio porque algunos de mis compañeros de trabajo lo llevaban y decían que servía para evitar la envidia.

Llegué incluso a bañarme con sal para "quitar la sal". También hacía meditaciones que encontraba en YouTube y practicaba yoga.

En aquel momento no me cuestionaba demasiado estas cosas. Pensaba: ¿Qué tan malo puede ser si hablan de amor y bondad?"

Hoy veo aquella etapa de una manera completamente diferente.

Desde mi fe cristiana, entiendo que no toda espiritualidad viene del mismo lugar y que necesitamos discernimiento para reconocer lo que estamos permitiendo entrar en nuestra vida, en nuestros pensamientos y en nuestras creencias.

Yo no lo tenía.

Seguí, creí y escuché a personas a las que, mirando hacia atrás, considero que no debí escuchar. Fui dando espacio a creencias que no estaban fundamentadas en Dios y Su palabra, mientras pensaba que simplemente estaba explorando temas espirituales.

Con el tiempo entendí que, no se trataba de algo inocente.

Hay una espiritualidad que viene de Dios y hay aquello que, desde mi fe, reconozco como contrario a Él. Así como existe un mundo material, creo también que existe un mundo espiritual.

De hecho, fue precisamente mi experiencia con ese mundo espiritual la que me llevó a darme cuenta de que estaba en el lugar equivocado. Pero esa es una historia que quizá dejemos para otra ocasión.

En ese momento cobró sentido una frase que me había dicho mi madre: "Si no es de Dios, es del diablo; solo hay dos caminos."

Y, aunque en aquel momento no comprendía completamente el significado de sus palabras, hoy pienso que, consciente o inconscientemente, elegimos uno de esos caminos con cada decisión que tomamos.

Cuando quise tomar nuevamente el control de mi vida

Yo creía que sabía qué era lo mejor para mi vida.

Pero algunos años antes había asistido a una maravillosa iglesia y allí había experimentado algo que todavía recuerdo: lo fácil que puede ser vivir una vida entregada a Dios. Depender de Él. Dejar las cosas en Sus manos. Tener el corazón dispuesto a escucharlo.

Y, curiosamente, en aquel momento eso me parecía demasiado sencillo. Pensaba: "¿Cómo puede ser tan fácil? ¡No puede ser! ¿Yo solo tengo que decidir acercarme a Él? ¿Él me guía en las decisiones y yo solamente debo ser obediente y escucharlo?"

Pero después me alejé.

Estar con personas equivocadas, no tener discernimiento y creer en todo aquello que simplemente "parecía bueno" hizo que poco a poco me apartara de Dios.

Quise volver a tomar el timón de mi vida. Quise imitar a otras personas, especialmente, a alguien que yo veía y pensaba que le iba bien.

Y hoy, cuando miro hacia atrás, cuánto me arrepiento. Cuánto tiempo siento que me habría ahorrado.

Cuántos años me habría ahorrado de ansiedad, de depresión, de ataques de pánico y de una mala relación con la comida si hubiera permanecido con Él desde niña, desde aquella primera vez en que lo sentí con claridad.

Incluso pienso cuántas almas podría haber acercado al Señor. Hoy también cobra sentido otro versículo que me recordaba mi madre:
En aquel momento yo no entendía nada de esto.  Fui infiel. Pero Dios permaneció fiel.

Y cuando Dios nos llena de Su Espíritu Santo, no hay nada mejor que eso.

Cuando entendí dónde estaba puesta realmente mi fe

A veces me hago esta pregunta: ¿dónde estaba mi fe entonces?

Claramente, mi fe no estaba puesta en el Dios del cielo. Mi fe estaba puesta en lo mundano, en lo material, en las creencias del mundo y en todo aquello que poco a poco iba introduciendo en mi vida.

Hacía lo que veía. Seguía lo que otros hacían. Escuchaba lo que otros decían.

Y no leía la Palabra de Dios. Me sabía unos cuantos versículos y pensaba que con eso era suficiente para orar.

Cuánta contradicción. Hasta que toqué fondo. Y entonces regresé, por fin, a mi Dios. Al Dios de Israel. Al Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Como dice Mateo 22:32:
Regresé al único y verdadero Rey de reyes y Señor de señores. Y Dios comenzó a darme discernimiento.

Empecé a ver de otra manera aquello que antes no veía. Comencé a reconocer cosas en las películas, en la música y hasta en aspectos muy básicos de la vida que antes pasaban desapercibidos para mí.

También se fueron alejando de mi vida personas que ya no tenían lugar en este nuevo camino. Y volví a Él, llena de vergüenza.

Porque cuando miro aquella etapa en retrospectiva, me doy cuenta de que fui como una hormiga siguiendo y creyendo en personas que no practicaban una fe cristiana, que no seguían a Dios, pero cuyas creencias yo consideraba "buenas" y, solamente por eso, decidía seguirlas y creerles.

Aprendí que no todo lo que parece bueno necesariamente es bueno para nosotros. Y que necesitamos discernimiento.

A veces, por miedo a parecer exagerados o extremistas, dejamos de ser objetivos frente a aquello que estamos permitiendo entrar en nuestra vida. Y podemos terminar recorriendo un camino mucho más difícil.

Aprender a entregar nuestras cargas y confiar en Dios

Entonces me hago una pregunta: ¿acaso no es mucho más fácil creer en Dios, poner nuestra vida en Sus manos, y confiarle nuestras cargas, en lugar de querer hacernos cargo de todo nosotras mismas?

Durante mucho tiempo, mi día a día giraba en torno a pensar qué usar, qué ritual hacer para esto o aquello, qué necesitaba hacer para encontrar paz. Para mí, todo eso terminó siendo agotador.

Hoy sé que la respuesta era mucho más simple de lo que yo la hacía sentir: Dios es quien puede darme esa paz que sobrepasa todo entendimiento. Como dice Filipenses 4:6-7:
Entregarle nuestra vida a Él, y pedir que se cumpla Su perfecta voluntad, es lo mejor  que podemos hacer, porque Su voluntad siempre será mejor que la nuestra, y siempre buscará el bienestar de Sus hijos. Estar con Él es como acurrucarnos en Su mano y sentirnos seguras y en paz.

Y esa paz no se queda solo en sentimiento: la Palabra de Dios habla de los frutos del Espíritu: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza (dominio propio). Esos frutos son la conclusión de todo lo que he aprendido en este camino: no necesito rituales ni fórmulas complicadas. Solo necesito decirle: "Señor, quiero que me llenes de Tu Espíritu hoy."

Cómo aprendí a buscar a Dios en medio de la ansiedad

Todo eso es posible porque, cuando aceptamos a Jesucristo como nuestro Señor y Salvador, Él nos da Su Espíritu Santo, y esos mismos frutos que acabo de nombrar se convierten en la plenitud que me sostiene, incluso en medio de circunstancias difíciles.

Aun así, esto no significa que una persona de fe nunca vaya a experimentar ansiedad, miedo o angustia. Yo los he sentido. Pero mi experiencia me ha enseñado a llevar esos momentos a Dios, en vez de cargarlos sola.

Nada fuera de Él me ha dado esa paz en medio de las tormentas. En medio del valle de sombra de muerte, puedo recordar las palabras del Salmo 23:
Todavía aprendo cada día a escucharlo. Todavía estoy conociéndolo por medio de Su Palabra, y anhelo conocerlo más, y en mis momentos de ansiedad, esa búsqueda se ha vuelto muy concreta. Orar, ayunar y escuchar a pastores que Dios ha usado para hablarme me ha ayudado a quitarme una carga que durante mucho tiempo sentí que tenía que llevar sola: la necesidad de hacer algo para lograr algo.

He aprendido que no tengo que hacerlo todo. Él obra. Yo le pido que cumpla Su propósito en mi vida, que en realidad es Su vida.

Hoy elijo poner mi confianza en Dios

Mujer leyendo la Biblia envuelta en una manta, símbolo de elegir confiar en Dios
Aun en los peores momentos de nuestra vida podemos levantar los ojos y contemplar el poder de Dios en la creación: los cielos, las aves, los árboles, el mar, los animales, las plantas, las estrellas, la luna y el sol. Hay algo que sucede cuando dejamos de mirar únicamente nuestras circunstancias y elegimos mirar más allá de ellas.

El Salmo 19:1 dice:
Su Palabra ha sido, y sigue siendo, mi fuente de fortaleza. Y tengo al Señor Jesús como mi ejemplo.

Sé que no tengo todas las respuestas, pero sí sé dónde quiero poner mi confianza.

Cuando miro hacia atrás, puedo reconocer cuánto tiempo pasé intentando encontrar paz en diferentes lugares, y cuánto necesitaba, en realidad, volver a Dios.

Mi confianza está 100% puesta en Él. Y esto no significa que tenga todo resuelto; significa que hoy sé algo que antes no comprendía de la misma manera: no quiero vivir buscando mi paz lejos de Aquel en quien realmente he aprendido a confiar.

Por eso, después de todo lo que he vivido, hay una frase que resume lo que hoy puedo decir: Él es mi paz.

Si tú también estás atravesando un momento difícil

Quise compartir esta parte de mi historia porque sé que muchas veces podemos sentirnos solas cuando estamos atravesando momentos de ansiedad, incertidumbre, miedo o confusión.

Quizás te hayas sentido identificada con alguna parte de mi historia. Quizás también hayas buscado respuestas en lugares que hoy cuestionas, o quizás simplemente estés atravesando una etapa en la que no sabes muy bien hacia dónde mirar.

Si es así, quiero decirte algo desde mi propia experiencia: no estás sola.

Mi historia no pretende explicar lo que tú estás viviendo ni decirte que tu experiencia será igual a la mía. Cada historia es diferente y cada persona atraviesa sus procesos de una manera distinta. Pero sí quiero animarte a mirar hacia Dios, a acercarte a Su Palabra y a llevar delante de Él aquello que hoy pesa sobre tu corazón.

Y si estás atravesando una situación que afecta profundamente tu salud mental o tu vida cotidiana, buscar ayuda profesional también puede ser parte del cuidado que necesitas. Acudir a un profesional no contradice la fe. Podemos orar, confiar en Dios y, al mismo tiempo, recibir la ayuda que necesitamos.

Yo solamente quiero compartir contigo algo que forma parte de mi historia: el camino que recorrí, aquello que aprendí y la manera en que volver a Dios transformó mi manera de mirar muchas cosas.

Gracias por leerme y por permitirme compartir algo tan personal contigo.

Espero que, si llegaste hasta aquí sintiéndote identificada, puedas recordar que no tienes que caminar sola. Que puedas buscar a Dios, hablar con Él y permitirle acompañarte también en los momentos que no entiendes.

Preguntas frecuentes

¿Tener fe significa que nunca voy a sentir ansiedad?

No. Tener fe no significa que dejemos de experimentar emociones difíciles, incertidumbre, miedo o ansiedad. En mi propia experiencia, he aprendido que puedo llevar esos momentos a Dios en oración y buscar en Su Palabra dirección y consuelo.

¿Cómo puede ayudar la fe cuando estoy atravesando ansiedad?

La fe no elimina la ansiedad, pero cambia a quién se la entrego. Me recuerda que no tengo que cargar sola con lo que me preocupa, y que puedo llevar mis peticiones delante de Dios, confiando en que Él sigue obrando incluso cuando yo no tengo respuestas.

¿Buscar ayuda profesional contradice la fe cristiana?

No. La fe y la búsqueda de ayuda profesional no tienen por qué ser opuestas. Si la ansiedad, la angustia u otra dificultad está afectando significativamente tu vida, tus relaciones o tu bienestar, buscar acompañamiento profesional puede ser una forma responsable de cuidar de ti.

¿Qué puedo hacer en el momento en que me siento abrumada?

En esos momentos, a mí me ha ayudado hacer algo muy concreto: detenerme, respirar, y volver a un versículo o a una oración sencilla, en vez de quedarme dando vueltas en el pensamiento. Y si el peso es demasiado, hablar con alguien de confianza —o buscar apoyo profesional— también es parte de cuidar bien de mí misma.

¿Dios puede darme paz aun en medio de una situación difícil?

Esa ha sido una de las experiencias más significativas de mi camino de fe. No significa que las circunstancias desaparezcan inmediatamente, sino que podemos acercarnos a Dios en medio de ellas y confiar en Él. Como dice Juan 14:27 (NBLA): "La paz les dejo, Mi paz les doy; no se la doy a ustedes como el mundo la da."

Escrituras tomadas de la Nueva Biblia de las Américas (NBLA), Copyright © 2005 por The Lockman Foundation. Usadas con permiso. ://nuevabiblia.com

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