Hablar de alimentación saludable puede resultar abrumador. Un día te dicen que no comas esto; después escuchas, que sí, pero de otra forma; luego, que mejor lo saques por completo de tu despensa. Tanta información contradictoria termina agotando a veces, incluso terminamos haciendo lo contrario: dejamos de escuchar a todo el mundo y simplemente decidimos no pensar demasiado en el tema.
Pero hoy quiero hablarte de alimentación y nutrición desde un lugar diferente. Quiero invitarte a volver a la comida real, no como una dieta restrictiva, sino como una forma sencilla y consciente de cuidar nuestro cuerpo.
Porque alimentarnos no solamente tiene que ver con nuestro peso o con nuestra apariencia. Lo que comemos influye en nuestra energía, nuestra salud, nuestra mente y en la manera en la que vivimos nuestro día a día. Y quizás también podemos empezar a verlo como una forma de mayordomía: cuidar aquello que Dios puso en nuestras manos.
¿Y si volvemos a lo sencillo?
Nos encanta inventar. Nos encanta crear. Transformamos, modificamos, perfeccionamos — y eso, por supuesto, también aplica a lo que comemos. No todo lo que hemos creado es malo: gracias a muchos de esos avances podemos conservar alimentos, transportarlos, prepararlos de mil maneras distintas, y tener acceso a productos que antes eran casi imposibles de conseguir..
Dios nos dio una creación llena de alimentos: frutas, vegetales, hortalizas, legumbres, semillas, frutos secos, cereales, animales y muchas otras fuentes de alimento. La Biblia nos presenta desde sus primeras páginas una creación abundante y llena de provisión. Y entonces me pregunté:
¿Qué pasaría si volviéramos un poco más a lo sencillo? No a una alimentación perfecta. No a una dieta restrictiva. No a una obsesión por contar cada caloría. Sino a una alimentación donde los alimentos reales vuelvan a ocupar un lugar importante.
¿Qué entendemos por comida real?
Cuando hablo de comida real, no me refiero a comer "perfecto" ni a tratar todo lo procesado como un enemigo. Que un alimento pase por algún proceso no lo vuelve dañino por sí solo, hay muchos que siguen teniendo un lugar sano en tu alimentación.
Lo que sí me parece interesante es observar cuánto espacio ocupan en nuestra alimentación cotidiana los productos ultraprocesados: aquellos que suelen estar formulados industrialmente y que pueden contener cantidades importantes de azúcares añadidos, grasas, sodio y otros ingredientes, especialmente cuando se consumen con mucha frecuencia.
Y aquí quiero hacer una aclaración: Este artículo no pretende condenar las galletas, los pasteles, el chocolate o esa comida que disfrutas de vez en cuando. Seamos honestas: hay cosas deliciosas. Una torta, una galleta con un café puede ser uno de esos pequeños placeres de la vida.
El problema no está en disfrutar ocasionalmente de esos alimentos, sino en permitir que los productos altamente procesados desplacen constantemente a los alimentos que realmente aportan una gran variedad de nutrientes.
Por eso, mi invitación es a volver a la comida real.
Comida real y dieta mediterránea: ¿Qué tienen en común?

Una de las razones por las que la dieta mediterránea ha despertado tanto interés es porque no se trata simplemente de una dieta de moda ni de un menú rígido.
Es un patrón alimentario tradicional que prioriza alimentos como frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos, semillas y aceite de oliva, e incorpora pescado y otras fuentes de proteína, mientras que las carnes procesadas y otros alimentos se consumen con mayor moderación.
Y cuando lo observas, hay algo que llama la atención: es bastante sencillo.
No necesitas productos exóticos ni una despensa llena de suplementos para empezar a comer mejor. Puedes comenzar con alimentos que probablemente ya conoces:
- Un tomate.
- Un aguacate.
- Un pepino.
- Una ensalada.
- Un plato de lentejas.
- Un puñado de frutos secos.
- Un huevo.
- Un poco de pescado.
- Una fruta.
- Aceite de oliva.
- Agua.
Alimentos sencillos que puedes combinar de mil formas distintas, y que juntos arman una alimentación nutritiva y variada. Comer saludable no tiene que ser complicado ni caro.
Cuidar nuestro cuerpo también puede ser una forma de gratitud
Hay un versículo que muchas de nosotras conocemos:
¿No saben que ustedes son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes? – 1 Corintios 3:16 (NBLA)
Este pasaje nos recuerda algo precioso: nuestro cuerpo importa. Y si nuestro cuerpo importa, también importa cómo lo cuidamos:
- Dormir.
- Mover nuestro cuerpo.
- Descansar.
- Beber suficiente agua.
- Alimentarnos adecuadamente.
- Buscar ayuda médica cuando la necesitamos.
- Cuidar nuestra mente.
Todo esto puede formar parte de una vida de bienestar integral. No por perseguir un cuerpo perfecto, sino porque podemos aprender a cuidar con amor aquello que Dios nos ha confiado.
¿Qué comía Jesús?
Esta es una pregunta que me he hecho muchas veces.
¿Qué comía nuestro Señor Jesús cuando caminó por esta tierra?
La Biblia sí nos permite conocer algunos alimentos que formaban parte de la vida cotidiana de su contexto: encontramos referencias a pan, pescado, frutas, aceite, vino, cereales, miel y otros alimentos.
Jesús vivió en una región donde muchos de los alimentos tradicionales de la época estaban ligados a la agricultura, la pesca y la producción local.
Por eso, aunque no podemos construir un menú exacto de lo que Jesús comía, sí podemos reconocer que vivió en un contexto donde la alimentación era mucho más sencilla y estaba profundamente conectada con los alimentos disponibles en la tierra y en su entorno. Pensar en ello me lleva nuevamente a una pregunta:
¿Cuánto de esa sencillez podríamos recuperar hoy en nuestra propia mesa?
Mi cuerpo me enseñó a escuchar
Quiero compartirte algo mucho más personal.
Durante un proceso médico que atravesé, llegó un momento en el que prácticamente no podía disfrutar de la comida como antes. Mi cuerpo toleraba muy pocas cosas y, curiosamente, había alimentos que pedía una y otra vez: tomate, aguacate y pollo.
Fue un período difícil. Después de terminar mi tratamiento, algo cambió.
Mi cuerpo continuó pidiendo ciertos alimentos y empezó a rechazar otros que antes consumía sin pensarlo demasiado.
El pan y algunos productos de pastelería, por ejemplo, dejaron de apetecerme de la misma manera. Y empecé a experimentar algo que antes prácticamente ignoraba: escuchar a mi cuerpo.
De repente aparecían antojos de kiwi, tomate, aguacate, pepino, banana, aceite de oliva... Y sí, algunos de esos deseos me resultaban completamente extraños porque no era así como yo me relacionaba con la comida antes.
No quiero decirte que cada antojo significa que tu cuerpo tiene una deficiencia determinada. La nutrición es mucho más compleja que eso.
Pero mi experiencia sí me enseñó algo:
Podemos estar tan acostumbradas a comer en automático que dejamos de prestar atención a cómo nos sentimos después de hacerlo.
Yo tuve que atravesar un proceso de salud para empezar a escuchar. Y quizás tú no necesitas esperar a que un diagnóstico te obligue a detenerte.
Quizás puedes empezar hoy.
Pequeños cambios, una forma de cuidarnos
No necesitas cambiar toda tu alimentación de un día para otro. Ni tirar absolutamente todo lo que tienes en la despensa. No necesitas comenzar una dieta restrictiva. Puedes empezar con algo mucho más sencillo:
Mira tu despensa. Mira tu nevera. Y pregúntate:
- ¿Qué alimentos reales podrían ocupar un poco más de espacio aquí?
- ¿Estoy comiendo suficientes frutas y verduras?
- ¿Estoy incluyendo legumbres?
- ¿Estoy incorporando fuentes variadas de proteína?
- ¿Estoy tomando suficiente agua?
- ¿Podría reemplazar algunos productos ultraprocesados por alimentos más sencillos?
- ¿Estoy comiendo porque realmente tengo hambre o porque estoy cansada, aburrida, estresada o simplemente tengo el alimento delante?
Y, sobre todo:
- ¿Estoy aprendiendo a cuidar mi cuerpo desde el amor y no desde la culpa?
Porque esa diferencia es enorme.
La alimentación saludable no debe ser una carga más. No necesitamos vivir aterrorizadas por una galleta. Necesitamos aprender a nutrirnos.
Una invitación a volver a lo sencillo
Quizás este sea el verdadero mensaje que quiero dejarte hoy. No se trata de perseguir la alimentación perfecta. Se trata de hacer mejores elecciones con mayor frecuencia. De incluir en nuestra despensa alimentos que nos nutran.
De recordar que el bienestar no se trata únicamente de cómo nos vemos frente al espejo. También tiene que ver con cómo cuidamos nuestro cuerpo por dentro.
Así que hoy quiero invitarte a volver a lo sencillo. A mirar nuevamente los alimentos que Dios puso a nuestra disposición y agradecer por la abundancia que muchas veces damos por sentada.
Que la comida real vuelva a tener un lugar importante en tu mesa, en tu nevera y en tu vida.
Que cada pequeña elección de cuidado sea también una oportunidad para recordar que tu cuerpo es un regalo. Empieza hoy con algo:
- Una fruta
- Una verdura
- Una ensalada,
- Un vaso de agua
Porque cuidar de nosotras también es una manera de honrar a Dios.
¿Quieres empezar de una manera sencilla?
Preparé para ti una Checklist de Comida Real con alimentos básicos, accesibles y fáciles de incorporar a tus comidas del día a día.
Puedes imprimirla, guardarla en tu teléfono y utilizarla cada vez que vayas al supermercado.
Preguntas frecuentes
¿Qué es la comida real?
La comida real hace referencia a alimentos que conservan buena parte de sus características originales, como frutas, verduras, legumbres, huevos, pescado, carnes, frutos secos, semillas y cereales integrales. No significa que todos los alimentos procesados sean malos, sino que podemos procurar que los alimentos poco procesados tengan un lugar importante en nuestra alimentación diaria.
¿Qué alimentos forman parte de una alimentación basada en comida real?
Puedes incluir una gran variedad de alimentos: frutas, verduras, legumbres, tubérculos, cereales integrales, frutos secos, semillas, huevos, pescado, carnes, lácteos y grasas como el aceite de oliva. La idea no es comer siempre lo mismo, sino buscar variedad y priorizar alimentos nutritivos y poco procesados.
¿La dieta mediterránea es una alimentación saludable?
La dieta mediterránea es uno de los patrones alimentarios que cuenta con mayor respaldo científico y se caracteriza por un alto consumo de alimentos vegetales como frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos y aceite de oliva, además de pescado y otras fuentes de proteína. Más que una dieta estricta, es una forma de alimentarse que puede adaptarse a diferentes culturas y estilos de vida.
¿Comida real y dieta mediterránea son lo mismo?
No exactamente. La comida real es un concepto amplio que hace énfasis en priorizar alimentos poco o mínimamente procesados. La dieta mediterránea, en cambio, es un patrón alimentario tradicional con características concretas. Sin embargo, ambos conceptos tienen muchos puntos en común, especialmente el protagonismo de frutas, verduras, legumbres, frutos secos y otros alimentos nutritivos.
¿Tengo que eliminar completamente los alimentos ultraprocesados?
No necesariamente. Una alimentación saludable no tiene que convertirse en una lista interminable de prohibiciones. Para muchas personas puede ser más sostenible enfocarse en aumentar el consumo de alimentos nutritivos y reducir la frecuencia con la que consumen productos ultraprocesados, sin caer en la culpa cuando disfrutan ocasionalmente de alguno.
¿Cómo puedo empezar a comer más comida real?
Empieza poco a poco. Puedes incorporar una fruta al desayuno, agregar más verduras a tus comidas, incluir legumbres durante la semana, elegir frutos secos como opción de merienda, cocinar más en casa o simplemente revisar tu despensa y preguntarte qué alimentos nutritivos podrías tener disponibles con mayor frecuencia.
No necesitas cambiarlo todo de un día para otro. Los pequeños cambios sostenidos también cuentan.
¿Una alimentación saludable tiene que ser costosa?
No. Aunque algunos productos saludables pueden ser costosos, muchos alimentos nutritivos y poco procesados pueden ser bastante accesibles: huevos, legumbres, avena, frutas y verduras de temporada, tubérculos y algunos cereales son ejemplos. Planificar las comidas y cocinar en casa también puede ayudar a aprovechar mejor el presupuesto.
¿Cómo puedo cuidar mi alimentación sin obsesionarme con ella?
Quizás una de las mejores maneras es dejar de pensar en términos de perfección. Una alimentación saludable no significa que cada comida tenga que ser perfecta. Puedes buscar equilibrio, variedad y constancia, mientras disfrutas también de aquellos alimentos que comes simplemente porque te gustan.
El objetivo no es tener miedo a la comida, sino aprender a relacionarnos con ella de una manera más consciente, agradecida y saludable.
¿Cuidar mi alimentación forma parte del bienestar integral?
Sí. La alimentación es solamente una parte del bienestar integral, junto con el descanso, el movimiento, la salud mental, las relaciones, la vida espiritual y otros aspectos de nuestra vida. Cuidarnos no significa enfocarnos únicamente en lo que comemos, sino aprender a cuidar de manera integral el cuerpo, la mente y el espíritu.
**Una nota importante:** si tienes una condición médica, alergias, intolerancias, necesidades nutricionales específicas o estás atravesando un tratamiento, lo más adecuado es consultar con un profesional de la salud que pueda orientarte de manera personalizada.
Escrituras tomadas de la Nueva Biblia de las Américas (NBLA), Copyright © 2005 por The Lockman Foundation. Usadas con permiso. ://nuevabiblia.com



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