La vida espiritual cristiana no es algo automático; es algo que debe ser despertado y cultivado. Esta mañana me desperté con un pensamiento que no podía ignorar: nada proviene de nosotros mismos; todo proviene de Dios. Y desde esa reflexión comenzó algo que quiero compartirte hoy.
Imagina este escenario: alguien te hace elegir entre electricidad, wifi o tu móvil. ¿Con cuál te quedarías? Pareciera una pregunta simple, pero al pensarlo bien, te das cuenta de que ninguno funciona solo. Sin electricidad no hay móvil encendido. Sin internet el móvil no se conecta. Uno necesita del otro para funcionar correctamente.
Y al meditar en esto, no pude evitar compararlo con nosotras mismas. Porque somos seres tripartitos —espíritu, alma y cuerpo— y al igual que esas herramientas, ninguna de nuestras tres dimensiones puede funcionar bien de forma aislada.
Somos espíritu, alma y cuerpo: las tres dimensiones que nos definen
El cuerpo es el que nos da presencia física en este mundo, nos permite movernos y tomar acción. El alma —nuestra mente y emociones— es la que nos permite razonar, aprender y ganar entendimiento. Pero el espíritu, ese que tantas veces dejamos de lado o ni siquiera nos motivamos a desarrollar, es el que nos da vida real.
Y aquí está la paradoja: lo más importante es precisamente lo que más ignoramos.
Pablo ora en su carta a los Tesalonicenses con una declaración que revela esta estructura tripartita con claridad:
📖 “Y que el mismo Dios de paz los santifique por completo; y que todo su ser, espíritu, alma y cuerpo, sea preservado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.” — 1 Tesalonicenses 5:23 NBLA
No es una división accidental. Es el diseño original de Dios para el ser humano: tres dimensiones distintas, cada una con una función específica, todas necesarias.
La Biblia nos dice además que Dios sopló aliento de vida sobre el ser humano. En el libro de Job leemos que ese aliento fue soplado sobre la nariz:
📖 “El Espíritu de Dios me ha hecho, y el aliento del Todopoderoso me da vida” — Job 33:4 NBLA
Y ese aliento está representado en el espíritu. Pablo, en sus cartas a los Corintios, lo llama el "hombre interior" —ese espíritu que vive dentro de nosotras y que un día retornará a Dios porque es Su aliento de vida:
📖“Por tanto no desfallecemos, antes bien, aunque nuestro hombre exterior va decayendo, sin embargo nuestro hombre interior se renueva de día en día.” — 2 Corintios 4:16 NBLA
Entonces surge la pregunta inevitable: ¿por qué, si ese espíritu interior es tan fundamental para nuestra relación con Dios, lo pasamos por alto y no lo desarrollamos?
Por qué el espíritu se adormece: la raíz del problema
La Biblia tiene una respuesta clara, y está relacionada con la desobediencia.
Cuando como humanidad dejamos de obedecer a Dios, cuando lo ignoramos y pasamos por alto Sus mandamientos y Sus estatutos, algo sucede en nuestro interior: nos enfriamos.
La Biblia dice que nuestra conciencia se cauteriza y dejamos de ser conscientes de esa necesidad profunda que tenemos de Él. Nos desviamos de Sus caminos, nos alejamos de Sus mandamientos y nos apartamos de Su voluntad sin siquiera darnos cuenta.
El resultado es una vida que funciona externamente —trabajo, relaciones, rutinas— pero que por dentro está desconectada de la fuente.

Despertar el espíritu interior: el ejemplo de Hageo
Pero hay buenas noticias. Ese espíritu puede ser despertado.
En el primer capítulo del libro de Hageo, el profeta hace un llamado urgente al pueblo y a Zorobabel porque se habían apartado de Dios y la casa del Señor no había sido edificada. El pueblo había priorizado sus propias casas sobre la presencia de Dios.
Lo que sucede después es poderoso: el pueblo escuchó la Palabra del Señor, y tanto Zorobabel como el sacerdote y todo el pueblo se propusieron en su corazón obedecer. Y la Biblia dice algo extraordinario inmediatamente después:
📖 “Y el Señor despertó el espíritu de Zorobabel… y el espíritu de todo el remanente del pueblo. Así que vinieron y comenzaron la obra en la casa del Señor de los ejércitos, Su Dios.” — Hageo 1:14 NBLA
Eso mismo es lo que necesitamos nosotras. Que nuestro espíritu despierte a esa conciencia de que fuimos hechas para la comunión con Dios, de que no podemos ser seres independientes de Él porque Él es la fuente de nuestra vida.
El Espíritu Santo: el maestro que abre nuestro entendimiento
Pablo nos enseña en 1 Corintios que Dios puso ese hombre interior precisamente para conocerle. Desde la carne no podemos conocer a Dios porque Él es Espíritu. Con la mente humana —llena de lo que la misma Biblia llama "vanos razonamientos"— no podemos comprender quién es Dios ni Sus caminos.
Es en nuestro espíritu donde esa revelación viene. Y viene a través de Su Espíritu Santo.
📖 “Porque entre los hombres ¿quién conoce los pensamientos de un hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Asimismo, nadie conoce los pensamientos de Dios, sino el Espíritu de Dios.” — 1 Corintios 2:11 NBLA
Jesús, antes de ascender al cielo, prometió que no nos dejaría solas. Nos dejó el Consolador, el Espíritu de la promesa, con el cual seríamos selladas y quien nos enseñaría toda verdad:
📖“Pero cuando Él, el Espíritu de verdad venga, los guiará a toda la verdad, porque no hablará por Su propia cuenta…y les hará saber lo que habrá de venir.” – Juan 16:13 NBLA
Esto significa que en la medida en que nos rendimos a Dios, en que disponemos nuestro corazón y nuestra voluntad a conocerle más, a tener esa intimidad y comunión con Él, Él despertará nuestro espíritu. Y así mismo abrirá nuestro entendimiento para conocer Sus caminos y Sus mandamientos.
Somos el templo del Espíritu Santo
Y aquí viene algo todavía más emocionante: la Biblia dice en 2 Corintios que nuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo. Somos Su casa. Él está dispuesto a morar en nosotras.
Pero somos nosotras quienes, con nuestra voluntad, tomamos la decisión. La decisión de creer en Él, de invitarlo a que more en nosotras, de permitir que nos guíe, nos enseñe y nos ayude a entender las cosas espirituales que solo pueden ser discernidas espiritualmente.
El Salmo 25:14 lo dice con claridad:
📖 “Los secretos del Señor son para los que le temen, y Él les dará a conocer Su pacto.” – Salmo 25:14 NBLA
No con la mente humana. De Espíritu a espíritu.
Volver a la fuente: el llamado de hoy
Regresando a la analogía del principio: Sin la fuente de poder, nada funciona. Necesitamos la electricidad para que el móvil encienda, y necesitamos internet para que pueda conectarse.
Lo mismo ocurre con nosotras. No podemos estar lejos de Dios y esperar que nuestro espíritu funcione. Necesitamos estar cerca de Él para que nuestro espíritu se encienda, despierte y pueda conectarse. No podemos separar ninguna de nuestras tres dimensiones —espíritu, alma y cuerpo— porque así fuimos formadas.
El llamado entonces es este: ¿qué estamos esperando para que ese espíritu interior sea despertado?
No para vivir guiadas por nuestras pasiones o nuestra voluntad, sino para conocer cuál es la voluntad de Dios para nuestra vida y vivirla a la manera que Él lo dice. Con Su poder, Su guía y Su presencia.
Preguntas para reflexionar
- ¿Estás desarrollando tu espíritu tanto como cuidas tu cuerpo o tu mente?
- ¿Hay áreas de desobediencia que han enfriado tu relación con Dios?
- ¿Le has dado espacio al Espíritu Santo para que te enseñe y te guíe?
- ¿Qué decisión puedes tomar hoy para disponerte a que Dios despierte tu espíritu?
Si deseas crecer en tu vida espiritual cristiana pero no sabes por dónde empezar, te invito a dar el primer paso: Aprende cómo orar y empezar a tener comunión con Dios de una forma sencilla.
Escrituras tomadas de la Nueva Biblia de las Américas (NBLA), Copyright © 2005 por The Lockman Foundation. Usadas con permiso. ://nuevabiblia.com


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