¿Cuál fue el propósito original de Dios para tu vida?
Cuando medito en esto y leo las Escrituras, llego a una conclusión clara: Dios anhela tener comunión con el ser humano: permanente, cercana, transformadora.
Si vemos el libro de Génesis, capítulo 2, Dios plantó un huerto del Edén, y allí puso al hombre. La Escritura dice que Dios hizo brotar de la tierra todo árbol agradable a la vista y bueno para comer, y le dio a Adán la responsabilidad de cultivar la tierra y cuidarla.
Sin embargo, unos versículos más adelante hay un detalle profundamente revelador:
📖“Y oyeron al Señor Dios que se paseaba en el huerto al fresco del día. Entonces el hombre y su mujer se escondieron de la presencia del Señor Dios entre los árboles del huerto.” — Génesis 3:8 NBLA
Esto nos deja ver que en el huerto, Adán y Eva estaban continuamente en la presencia del Señor. Dios los buscaba, se paseaba por el huerto, caminaba con ellos. Era una relación cercana y constante que se vio gravemente afectada por la desobediencia.
Comunión antes de la caída: El propósito original De Dios
¿Qué hubiera pasado si ellos no hubieran comido ese fruto que Dios les había prohibido?
Estaríamos escuchándole directamente, siendo guiadas y enseñadas por Él en todo momento. Sin distracciones, ni cargas innecesarias ni la desconexión que hoy experimentamos.
Sin embargo, la paradoja está en que así mismo debería ser nuestra realidad actual. Pero como humanidad nos hemos alejado de Dios, me atrevo a decir que no está en la lista de prioridades de un día cualquiera en nuestras vidas.
Cuando el pecado cambió el rumbo
El pecado cambió la historia. Cuando el hombre desobedeció, la tierra fue maldecida a causa de él y el trabajo se volvió esfuerzo:
📖 “Maldita será la tierra por tu causa; con trabajo comerás de ella todos los días de tu vida.” — Génesis 3:17 NBLA
A partir de ese momento, la humanidad comenzó a cargar con nuevas preocupaciones: el sustento, la supervivencia, el desgaste físico, las responsabilidades diarias. El propósito original de Dios (la comunión con Él) comenzó a ser desplazado por las ocupaciones.
Un mundo ocupado… pero desconectado de Dios

Generación tras generación, otras cosas fueron ocupando el centro de nuestras vidas.
Hoy vivimos en un mundo acelerado, lleno de demandas, tecnología, responsabilidades y ruido constante. Un mundo donde el tiempo parece no alcanzar, donde todo es urgente… y donde, poco a poco, Dios ha dejado de ser prioridad. Incluso, muchas veces, ha dejado de ser mencionado.
Hemos comenzado a ver a Dios como alguien distante, ajeno a nuestra realidad. Como si no se involucrara en nuestra vida diaria, como si no le importaran nuestras luchas, nuestras heridas, nuestras relaciones o nuestras preocupaciones.
Pero esa no es la verdad.
Un corazón que se ha alejado
Hay algo importante que necesitamos reconocer: como humanidad hemos alejado a Dios de nuestras decisiones, de nuestras casas, de nuestra sociedad… incluso, en algunos casos, de nuestras propias iglesias.
El pecado se ha normalizado. Lo que antes incomodaba, ahora se tolera. Actitudes como el orgullo, la impaciencia, la falta de contentamiento o la autosuficiencia ya no nos confrontan como antes, porque no las vemos como graves.
Pero la raíz sigue siendo la misma: un corazón desconectado de Dios.
Un Dios hecho a nuestra medida
Y aquí viene algo que debemos reconocer con honestidad: hemos comenzado a formar una idea de Dios que se ajusta a nuestra conveniencia.
📖 “Profesando ser sabios, se volvieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por una imagen en forma de hombre corruptible…” — Romanos 1:22–23 NBLA
Hemos reducido a Dios a una versión cómoda: permisiva, tolerante, silenciosa frente al pecado. Pero Dios no es así.
El amor de Dios transforma, no solo tolera
Sí, Dios es amor. Pero su amor no cancela su justicia. Dios ama el bien y aborrece el pecado. No porque quiera castigarnos, sino porque el pecado nos destruye y nos aleja del diseño original para el cual fuimos creadas.
📖 “Porque Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes, ni sus caminos son Mis caminos, declara el Señor. Porque como los cielos son más altos que la tierra, así Mis caminos son más altos que sus caminos, y Mis pensamientos más que sus pensamientos.” — Isaías 55:8–9 NBLA
Dios quiere lo mejor para nosotras. Y precisamente por eso, no tolera aquello que nos destruye. El pecado no es un detalle menor. Es aquello que nos aleja de Él.
Volver a la comunión con Dios: La buena noticia
La buena noticia es que ese propósito original de Dios no se perdió… sigue disponible.
Dios sigue llamándonos a volver. A regresar a una vida de comunión con Él, a dejar de depender de nuestra propia fuerza y depender de Él y a vivir alineadas con su propósito.
Fuimos creadas como espíritu, alma y cuerpo. Y cada parte necesita estar conectada con su Creador. No podemos crecer espiritualmente desconectadas de Dios.
Cómo volver al propósito original: Pasos prácticos
Hoy quiero invitarte a algo sencillo, pero profundamente transformador: vuelve a Él.
Busca su rostro cada día, aunque sea por unos minutos. Háblale con honestidad. Cuéntale lo que hay en tu corazón —tus luchas, tus miedos, tus preguntas.
📖 “Acérquense a Dios, y Él se acercará a ustedes…” — Santiago 4:8 NBLA
Él ya conoce todo de ti… pero desea tener comunión contigo.
Lee su Palabra. Permite que transforme tu mente y tu corazón, porque en la medida en que te acerques a Él, Él se acercará a ti.
Y poco a poco, comenzarás a vivir diferente. Más en paz, conectada y cerca de Él y de ese propósito original.
Y entonces entenderás algo hermoso: tu vida nunca fue diseñada para sobrevivir. Fue diseñada para permanecer en Él.
Preguntas frecuentes
¿Cuál era el propósito original de Dios para el ser humano? Según Génesis 2 y 3, el propósito original de Dios era tener comunión permanente y cercana con el ser humano. Adán y Eva caminaban con Dios en el huerto del Edén en una relación directa y constante que fue interrumpida por el pecado.
¿Cómo puedo volver a la comunión con Dios si me he alejado? El primer paso es reconocer el alejamiento y acercarte a Él con un corazón honesto. Santiago 4:8 promete que cuando nos acercamos a Dios, Él se acerca a nosotras. La oración diaria y la lectura de su Palabra son los pilares para restaurar esa comunión.
¿Por qué Dios sigue llamándonos a volver si nos alejamos de Él? Porque su amor es incondicional y su propósito para nuestra vida no cambia. Así como en el huerto Dios buscaba a Adán y Eva, hoy sigue buscando tener comunión con cada una de nosotras. El pecado interrumpió la relación, pero no canceló el amor ni el propósito de Dios.
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Recuerda: volver a la comunión con Dios no es un evento, es un camino. Y no tienes que caminar sola. Dios te está esperando, y nosotras también.
Escrituras tomadas de la Nueva Biblia de las Américas (NBLA), Copyright © 2005 por The Lockman Foundation. Usadas con permiso. ://nuevabiblia.com


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