Quiero hablarte hoy de la grandeza de Dios, y de por qué nada de lo que enfrentas escapa a Su control. ¿Cuántas veces has sentido que tu problema es más grande que Dios? ¿Cuántas veces te has desanimado o angustiado pensando que la situación que estás viviendo no tiene salida?
Me atrevo a decir que todas, en algún momento, hemos pasado por al menos una situación que nos ha puesto la vida de cabeza. Algo que nos hizo sentir que no había salida, que las cosas no iban a mejorar, y nos dejamos abrumar por la angustia. Creo que es parte de nuestra humanidad sentir que las fuerzas se acaban, que a veces no tenemos claro qué decisión tomar o qué paso dar.
Pero hoy quiero compartirte algo, y quiero que tengas certeza de esto: tu problema, tu situación, tu circunstancia, jamás será más grande que Dios.
La grandeza de Dios según la Biblia

Dios es soberano. Eso significa que nada escapa a Su control, que nada lo toma por sorpresa, que no existe una sola circunstancia, por caótica que parezca desde donde tú la ves, que Él no esté ya sosteniendo. Su sabiduría es infinita. Es todopoderoso, omnisciente (todo lo sabe) y omnipotente (todo lo puede). ¿Has leído lo que dice la Biblia sobre Su grandeza?
Si lees el capítulo 40 de Isaías, el autor nos da una de las descripciones más detalladas de todo el Antiguo Testamento sobre el poder y la grandeza de Dios. Vale la pena detenerse ahí, verso por verso, porque cada imagen que usa está pensada para dejarnos sin palabras.
Empieza con una pregunta que ya de entrada es imposible de responder para cualquier ser humano:
“¿Quién midió las aguas en el hueco de Su mano?“ – Isaías 40:12 NBLA
No un río, no un lago, los océanos completos, en el hueco de una mano. El mismo versículo sigue preguntando quién calculó el polvo de toda la tierra, quién pesó las montañas en una báscula. Son preguntas retóricas, porque solo hay una respuesta posible: nadie más que Dios.
El pasaje continúa con otra pregunta que me parece igual de reveladora:
“¿Quién guió al Espíritu del SEÑOR, o como consejero suyo le enseñó?” – Isaías 40:13 (NBLA)
En otras palabras, ¿quién le explicó a Dios qué hacer? ¿Quién le dio ideas, quién lo asesoró, quién le mostró el camino? Nadie. Dios no consulta, no necesita opiniones externas, no improvisa. Todo lo que hace nace de Su propia sabiduría infinita, la misma que está disponible para ti hoy en la decisión que no sabes cómo tomar.
Y entonces llega la imagen que más me detiene:
“Las naciones le son como gota en un cubo” – Isaías 40:15 (NBLA)
¿Sabes qué tamaño tiene una gota de agua en tu mano? Haz la prueba ahora mismo. Así de pequeñas son, ante Dios, todas las naciones de la tierra, no tu problema, no tu circunstancia: naciones enteras, imperios, ejércitos. El mismo capítulo remata la idea unos versículos después:
“Todas las naciones ante Él son como nada” – Isaías 40:17 (NBLA)
Puede sonar como una descripción poética, casi abstracta. Pero la realidad es que Dios es tan inmensamente grande que Él hizo el sol, la luna, las estrellas, y la Biblia dice que "a todos llama por Su nombre" (Isaías 40:26, NBLA).
Piénsalo: un Dios capaz de nombrar cada una de las incontables estrellas del universo, una por una, sin equivocarse ni una sola vez. Ese mismo Dios que nombra cada estrella conoce también tu nombre y lo que estás viviendo hoy. Su grandeza no lo aleja, Él se ocupa de ti con un detalle que ni siquiera alcanzas a imaginar.
La grandeza de Dios frente a lo imposible
La grandeza de Dios no se queda en la teoría, la Biblia la respalda con historias reales de personas que enfrentaron lo que ellas mismas consideraban imposible.
Piensa en Sara. Era una mujer de edad muy avanzada, sin posibilidad biológica de tener hijos, y Dios le había prometido un hijo a Abraham. Cuando Sara escuchó la promesa, se rió porque, desde su perspectiva humana, era absurdo. La respuesta de Dios fue una pregunta que resuena hasta hoy y que resume bien la grandeza de Dios:
“¿Hay algo demasiado difícil para el SEÑOR?” – Génesis 18:14 (NBLA)
Meses después, Sara tuvo a Isaac en sus brazos. Lo que a ella le parecía imposible, para Dios era apenas el cumplimiento de Su palabra.
Siglos más tarde, el profeta Jeremías oró reconociendo lo mismo, casi con las mismas palabras que hemos venido leyendo hoy:
“Tú hiciste los cielos y la tierra con Tu gran poder y con Tu brazo extendido. Nada es imposible para Ti” – Jeremías 32:17 (NBLA)
No es casualidad que la Escritura conecte una y otra vez la creación del universo con la capacidad de Dios de intervenir en lo que a nosotras nos parece imposible, es el mismo poder, aplicado a diferentes escalas.
Y en otro pasaje, la Escritura pregunta: ¿acaso se ha acortado Su mano para salvar? La respuesta es clara:
“La mano del SEÑOR no se ha acortado para salvar” – Isaías 59:1 (NBLA)
Han pasado siglos, generaciones enteras, y Su capacidad de salvar sigue intacta. Y en el Nuevo Testamento, un ángel le recuerda algo similar a María, frente a otra noticia humanamente imposible:
“Porque ninguna cosa será imposible para Dios” – Lucas 1:37 (NBLA)
Quiero que tengas la certeza de que Dios es tan grande que nada escapa de Su cuidado. Así que si hoy estás atravesando una dificultad, si te sientes sola, si estás angustiada, si crees que no hay salida, piensa en esto: el mismo Dios que hizo los cielos, la tierra y el universo con el poder de Su brazo extendido, el mismo que le dio un hijo a una mujer que ya no tenía edad para tenerlo, es el mismo Dios que cuida de ti. Si Él pudo hacer todo lo que ves a tu alrededor, ¿cómo no va a poder acompañarte en lo que estás viviendo?
Lo que sí te toca hacer
Conocer la grandeza de Dios no es solo un dato interesante, es lo que nos permite descansar. Lo que necesitas hoy es creer en Él, creer que Él puede, y entregarle lo que sea que estés viviendo, para que Él tome el control.
Nosotras somos limitadas. Por más autosuficientes que queramos parecer, la verdad es que no tenemos ni la sabiduría ni el conocimiento que Dios tiene, no hay nada desconocido para Él. Así que Él sabe lo que es mejor para ti, incluso cuando tú no logras verlo todavía.
Te invito a entregarle tu vida a Él, a descansar en Él, a empezar a caminar de Su mano. Entregarle tus cargas a Dios no significa que las dificultades desaparezcan de inmediato, pero sí significa que no las cargas sola y esa diferencia lo cambia todo. Aunque no cambie tu circunstancia de un día para otro, la paz que sobrepasa todo entendimiento y que proviene de Él, hace toda la diferencia.
Si quieres aprender a hablar con Él o a dar el primer paso para regresar a Su lado, te invito a visitar estas otras entradas:
👉🏼 Cómo regresar a Dios cuando sientes que te alejaste
👉🏼 Cómo orar: 10 pasos sencillos para hablar con Dios hoy
Gracias por leerme.
Preguntas frecuentes sobre confiar en Dios en medio de los problemas
¿Qué hago cuando siento que mi problema no tiene solución?
Empieza por reconocer que sentirte abrumada es humano, no una falta de fe. Luego, en oración, entrégale conscientemente esa situación a Dios, recordando que Su poder y Su sabiduría son mayores que cualquier circunstancia que estés viviendo.
¿Qué dice la Biblia sobre la grandeza de Dios?
Isaías 40 es uno de los pasajes más claros: describe a Dios midiendo los océanos en el hueco de Su mano y llamando a cada estrella por su nombre. Es una forma poética de mostrar que nada, por grande que parezca, está fuera de Su control.
¿Confiar en Dios significa que mis problemas van a desaparecer?
No necesariamente de inmediato, y no siempre de la forma que esperamos. Confiar en Dios significa que no enfrentas la situación sola, y que puedes encontrar paz en medio de ella, incluso mientras se resuelve.
¿Cómo le entrego una situación a Dios en la práctica?
Se empieza con una oración sencilla y honesta: dile a Dios exactamente lo que te preocupa, sin adornarlo. Luego, elige conscientemente no seguir cargándolo sola, eso a veces significa dejar de darle vueltas mentalmente y volver a orar cada vez que la preocupación regrese.
Escrituras tomadas de la Nueva Biblia de las Américas (NBLA), Copyright © 2005 por The Lockman Foundation. Usadas con permiso. ://nuevabiblia.com



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